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Realidad virtual para entrenar cirugía de catarata: la propuesta de HelpMeSee

Durante el Curso Interamericano de Oftalmología 2025, la organización HelpMeSee presentó su sistema de simulación en realidad virtual para cirugía de catarata, una herramienta...
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GRASA VISCERAL Y CATARATA: EL IMPACTO METABÓLICO QUE NO SIEMPRE SE VE

La catarata afecta a más de 95 millones de personas en el mundo, constituyéndose en un problema de salud pública debido a la discapacidad visual asociada a esta entidad. A pesar del incremento en las tasas de cirugía, se estima que alrededor de 20 millones de individuos permanecen bilateralmente ciegos por esta condición, especialmente en países en vía de desarrollo. Este panorama evidencia de manera urgente la necesidad de implementar estrategias preventivas y de identificación temprana de factores de riesgo que permitan reducir la carga socioeconómica y sanitaria asociada al curso de la catarata a lo largo de la vida del individuo afectado. (1,2)

Si bien el envejecimiento ha sido ampliamente descrito como el factor más determinante en la formación de cataratas, diversos elementos metabólicos y ambientales —como hipertensión, diabetes, tabaquismo y exposición a radiación ultravioleta— también contribuyen a su desarrollo, aspecto que ha sido investigado de manera consistente a lo largo de los años. Entre estos factores, la obesidad ocupa un lugar relevante, posicionándose como el sexto factor de riesgo global. (1)

En este sentido, la obesidad favorece la aparición de cataratas mediante mecanismos relacionados con el estrés oxidativo, la inflamación crónica y la disfunción metabólica. Sin embargo, los indicadores tradicionales como el índice de masa corporal (IMC) presentan limitaciones, ya que no permiten diferenciar entre masa grasa y masa magra, ni reflejan adecuadamente la distribución del tejido adiposo, particularmente la grasa visceral, considerada más nociva para la salud metabólica. (1,3,4)

Bajo este contexto surge el Puntaje Metabólico para Grasa Visceral (Metabolic Score for Visceral Fat, METS-VF), un índice novedoso que estima de manera más precisa la cantidad de grasa visceral al integrar variables como resistencia a la insulina, la relación cintura-estatura, edad y sexo. Aunque METS-VF ha demostrado utilidad en la evaluación de enfermedades como la hipertensión y la diabetes, la evidencia científica sobre su relación con el riesgo de catarata ha sido limitada. (1,3–5)

Con base en esta premisa, Guo y colaboradores realizaron un estudio con el objetivo de analizar la asociación entre METS-VF y la prevalencia de catarata en adultos estadounidenses, utilizando datos del National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES), con el fin de aportar evidencia sobre el papel de la obesidad visceral en la salud ocular y contribuir al diseño de estrategias preventivas más eficaces. (1)

Se trató de un estudio tipo transversal que utilizó datos del NHANES, un programa de investigación representativo de la población estadounidense que evalúa el estado nutricional y de salud mediante entrevistas y exámenes físicos. El análisis incluyó cinco ciclos consecutivos de NHANES, correspondientes al período 1999-2008, con una muestra final de 2.730 adultos. (1)

Entre los resultados más relevantes, los autores identificaron que el grupo con catarata presentaba una edad significativamente mayor (74,1 ± 9,9 años), así como valores más elevados tanto en la relación cintura-estatura (WHtR, por su sigla en inglés) como en el METS‑VF. Es importante resaltar que estas diferencias fueron estadísticamente significativas. (1)

En contraste, el IMC y la circunferencia de cintura no mostraron variaciones relevantes entre los grupos. Además, los participantes con catarata reportaron una menor ingesta energética y de macronutrientes, incluyendo proteínas, carbohidratos y grasas. Al estratificar el METS‑VF en cuartiles, se evidenció un gradiente marcado en la prevalencia de catarata: 1,90 % en el primer cuartil, 6,74 % en el segundo, 10,25 % en el tercero y 23,61 % en el cuarto, lo que indica un incremento progresivo del riesgo conforme aumenta la carga metabólica vinculada a la grasa visceral. (1)

El análisis por subgrupos mostró que los riesgos más elevados correspondieron a personas de 59 a 85 años, hombres, individuos no hispanos de raza negra, sujetos con educación superior a secundaria, aquellos que realizaban actividad física moderada, consumidores de alcohol, personas sin hipertensión y aquellos con mejor situación económica. Estos hallazgos respaldan la hipótesis de que la grasa visceral, más allá del exceso ponderado general, desempeña un papel determinante en la fisiopatología de la catarata. (1) 

El METS‑VF, al integrar variables relacionadas con resistencia a la insulina, la distribución central de la grasa, edad y sexo, refleja con mayor precisión el fenotipo metabólico que favorece el daño en el cristalino. Desde el punto de vista biológico, la grasa visceral se caracteriza por una alta actividad endocrina y lipolítica, con liberación de ácidos grasos libres y adipocinas proinflamatorias que inducen resistencia a la insulina, elevan los triglicéridos y reducen el colesterol HDL‑C, creando un entorno propicio a la oxidación y la inflamación. (1)

Este escenario potencia el estrés oxidativo en el cristalino, altera proteínas estructurales y compromete sistemas antioxidantes como el factor nuclear eritroide 2 relacionado y la proteína asociada a ECH similar a Kelch (Nrf2/Keap1), la superóxido dismutasa y el glutatión. Paralelamente, vías como el factor nuclear kappa B (NF‑κB) y la proteína quinasa activada por mitógenos (MAPK) amplifican la respuesta inflamatoria, acelerando el proceso de opacificación. (1)

La interacción con el envejecimiento agrava estos mecanismos, ya que la edad avanzada disminuye la capacidad antioxidante y la homeostasis proteica, mientras que la obesidad central acelera la senescencia celular, generando un ambiente de vulnerabilidad metabólico‑oxidativa. Aunque la literatura suele reportar mayor riesgo en mujeres por la caída estrogénica posmenopausia, en este estudio el efecto del METS‑VF fue más marcado en hombres, lo que sugiere diferencias hormonales y en la distribución del tejido adiposo que requieren mayor exploración. (1)

Por otro lado, la actividad física moderada parece ejercer un efecto protector, probablemente por su impacto en la reducción de adiposidad visceral y mejora del perfil  metabólico; sin embargo, niveles excesivos podrían neutralizar estos beneficios debido al incremento de especies reactivas de oxígeno. En conclusión, los autores señalan que un METS‑VF elevado se asocia de manera robusta y lineal con mayor prevalencia de catarata en adultos estadounidenses, superando a los indicadores antropométricos tradicionales en su capacidad predictiva. (1)

Estos hallazgos sugieren que la evaluación del metabolismo visceral debería incorporarse en estrategias preventivas para reducir la carga global de catarata. No obstante, se requieren estudios longitudinales que permitan establecer asociaciones de causalidad con mayor solidez. (1)

Referencias

1. Guo W, Xue H, Li Q, Wen Z, Zhou Z, Dong Y, et al. Association Between Visceral Fat Metabolism Score and Cataract Risk in US Adults: National Health and Nutrition Examination Survey 1999 to 2008. Am J Ophthalmol. el 1 de junio de 2025;274:184–95. 

2. Flaxman SR, Bourne RRA, Resnikoff S, Ackland P, Braithwaite T, Cicinelli M V., et al. Global causes of blindness and distance vision impairment 1990–2020: a systematic review and meta-analysis. Lancet Glob Health. el 1 de diciembre de 2017;5(12):e1221–34. 

3. Ng Yin Ling C, Lim SC, Jonas JB, Sabanayagam C. Obesity and risk of age-related eye diseases: a systematic review of prospective population-based studies. Vol. 45, International Journal of Obesity. Springer Nature; 2021. p. 1863–85.  

4. Xue H, Zhang L, Xu J, Gao K, Zhang C, Jiang L, et al. Association of the visceral fat metabolic score with osteoarthritis risk: a cross-sectional study from NHANES 2009–2018. BMC Public Health. el 1 de diciembre de 2024;24(1). 

5. Sweatt K, Garvey WT, Martins C. Strengths and Limitations of BMI in the Diagnosis of Obesity: What is the Path Forward? Vol. 13, Current Obesity Reports. Springer; 2024. p. 584–95.