El queratocono es una de las irregularidades corneales que más afecta la visión a nivel mundial. Su forma subclínica o la fase más temprana de la enfermedad, es detectable únicamente mediante exámenes diagnósticos como la topografía corneal. Este aspecto representa un desafío para su diagnóstico oportuno, ya que es difícil su detección y se corre el riesgo de un subdiagnóstico en gran parte de los casos. (1,2)
Definir los criterios clínicos que permiten diferenciar un queratocono subclínico (Kcs) de una córnea normal sigue siendo un reto, por lo que, las dificultades en el diagnóstico del Ksc persisten. Sin embargo, la identificación oportuna de estos pacientes es muy importante, dado que una de las principales causas de ectasia tras la una cirugía refractiva es la falta de detección del Ksc. (3)
Aunque la topografía corneal se considera la herramienta más adecuada para la detección del queratocono subclínico, en el caso del Ksc puede resultar insuficiente. Esto podría deberse a que los primeros cambios comienzan en la superficie posterior de la córnea, o a que las irregularidades en la superficie corneal son enmascaradas por cambios epiteliales compensatorios, que generan una apariencia de regularidad corneal. Por esta razón, se han desarrollado análisis topométricos y tomográficos capaces de detectar la enfermedad en una etapa más temprana. Koc y colaboradores (2020) señalan que el análisis topométrico aporta información sobre la irregularidad de la superficie anterior de la córnea, mientras que la tomografía corneal ofrece información sobre la variación del espesor y la superficie posterior de la córnea. Sin embargo, en Ksc estas alteraciones son sutiles y difíciles de evidenciar. (3)
En consecuencia, el análisis topométrico aislado no siempre es concluyente. Aunque los índices topométricos muestran alteraciones en pacientes con Ksc, su sensibilidad y especificidad no alcanzan niveles suficientemente para utilizarlos como guía diagnóstica en etapas iniciales. Esto evidencia la necesidad de herramientas más sensibles que puedan detectar cambios biomecánicos y topográficos incipientes antes de que se observen signos clínicos manifiestos. (3)
Con esta premisa, Toprak y colaboradores desarrollaron un estudio orientado a evaluar la eficacia de un modelo tridimensional (3D) en la caracterización morfogeomé trica y volumétrica de la córnea en el diagnóstico del Ksc, utilizando el tomógrafo Sirius®. El proceso de modelación se desarrolló en dos fases: primero, la generación de un modelo virtual 3D personalizado de la córnea a partir de datos topográficos, y segundo, un análisis morfogeométrico de la superficie corneal. Con este modelo se calcularon diversos índices morfogeométricos y parámetros volumétricos, centrados en los ápices anterior y posterior y en el punto de mínimo espesor corneal. (4) Ver Figura 1.

Figura 1. Proceso para la modelación virtual y análisis morfogeométrico corneal.4
Los indicadores, validados en estudios previos demostraron ser útiles para el diagnóstico y clasificación del queratocono clínico, y en este trabajo fueron aplicados al queratocono subclínico. Los resultados más relevantes mostraron desviaciones más marcadas de los ápices anterior y posterior, así como del punto de menor espesor corneal, en comparación con ojos sanos. Asimismo, se detectó una asimetría significativa entre los desplazamientos de los ápices, lo que respalda la teoría de que la deformación estructural asimétrica constituye uno de los primeros signos del queratocono y es clave para la detección del Ksc. (4)
Randleman y colaboradores (2024) revisaron sistemáticamente la literatura para evaluar la validez del consenso global de queratocono, que considera la elevación posterior de la córnea como esencial para diagnosticar Ksc. Sus hallazgos mostraron que las medidas de la superficie anterior y del espesor corneal fueron generalmente más efectivas que las de la superficie posterior para diferenciar entre ojos normales y con Ksc. (5) Esto cuestiona la necesidad de que la elevación posterior sea un criterio indispensable.
Los resultados sugieren que las métricas de la superficie anterior y del espesor corneal tienen mayor valor diagnóstico, y que los enfoques multivariables pueden ser útiles, pero no necesariamente superiores a los métodos convencionales. Esto abre la puerta a mayor evidencia que permita generar consensos más robustos. (5)
Por otra parte, Nicula y colaboradores (2024) evaluaron la estabilidad de los índices topográficos y tomográficos obtenidos con Pentacam, junto con parámetros biomecánicos medidos con Corvis ST en el diagnóstico de Ksc y queratocono clínico o manifiesto. En este análisis, confirmaron que el Ksc representa una etapa temprana o frustra de la ectasia corneal, donde los cambios estructurales aún no son clínicamente evidentes, pero pueden detectarse mediante análisis topográficos, tomográficos y biomecánicos avanzados. Algunos índices como el KISA (Pentacam) y el CBI (índice de biomecánica del Corvis) mostraron utilidad diagnóstica para diferenciar ojos con Ksc de córneas normales. Sin embargo, estos parámetros no alcanzaron un rendimiento perfecto en todos los análisis, lo que sugiere un riesgo de sobreajuste y limita su aplicabilidad clínica directa. (6)
Los autores señalaron que parámetros como A1T, D Ratio Max y SP-A1, aunque útiles, no ofrecen por sí solos una discriminación clínica suficiente entre Ksc y otras condiciones, lo que disminuye su especificidad en el diagnóstico temprano de la forma frustra del queratocono. En conclusión, los autores indican que algunos índices del Pentacam y Corvis pueden identificar el Ksc con cierto nivel de eficacia, pero aún no al 100 %. Esto reafirma la necesidad de validación e integración de herramientas diagnósticas adicionales para mejorar la detección temprana. En este sentido, el incluir en algoritmos factores como los genéticos, ambientales y nuevas tecnologías, podría ofrecer un enfoque más integral y confiable para el diagnóstico de esta entidad. (6)
En este sentido, Randleman y colaboradores (2024) exploraron la microscopía Brillouin con seguimiento para detectar alteraciones biomecánicas focales en Ksc. Los participantes del estudio fueron evaluados mediante tomografía corneal con tecnología Scheimpflug y por medio de imágenes obtenidas con un dispositivo personalizado de microscopía Brillouin MT.7 Entre las variables biomecánicas que se analizaron: los valores promedio y mínimo en la región del plateau anterior y en las primeros 150 micras de la córnea (A150). También se evaluaron medidas tomográficas como el valor inferiorsuperior (IS), queratometría máxima (K Max), el espesor corneal más delgado (TCT), índices de asimetría (IVA, KI), BAD-D, ART max y el índice KISA%. (7)
Los resultados mostraron que las medidas tomográficas Scheimpflug tuvieron diferencias en TCT (556μm en controles vs. 522μm en Ksc), IS (0.29D vs. 1.05D), IVA (0.10 vs. 0.19) y KI (1.01 vs. 1.05). A pesar de estas diferencias, muchos otros parámetros convencionales no lograron distinguir adecuadamente entre ambos grupos. En cambio, las medidas a través de Brillouin MT evidenciaron diferencias significativas en todos los parámetros analizados: Plateau promedio (5.71 GHz vs. 5.68 GHz), Plateau mínimo (5.69 GHz vs. 5.65 GHz), A150 promedio (5.72 GHz vs. 5.68 GHz) y A150 mínimo (5.70 GHz vs. 5.65 GHz). (7)
Con base en lo anterior, los autores concluyen que la microscopía Brillouin con seguimiento de movimiento demostró ser una herramienta altamente eficaz para identificar alteraciones biomecánicas focales en ojos con Ksc, incluso en casos donde las métricas tomográficas tipo Scheimpflug no lograron discriminar adecuadamente. Estos hallazgos respaldan la necesidad del uso de tecnologías avanzadas en la detección precoz del Ksc y refuerzan la importancia de una evaluación biomecánica complementaria a la imagenología estructural, para un análisis integral de la superficie corneal. (7) Ver Figura 2

El Ksc sigue siendo motivo de análisis exhaustivo donde el profesional debe apoyarse en exámenes complementarios y seguimiento frecuente para una correcta detección y toma de decisiones clínicas para evitar su progresión a ectasia clínica manifiesta.
Referencias
1. Huseynli S, Abdulaliyeva F. Evaluation of scheimpflug tomography parameters in subclinical keratoconus, clinical keratoconus, and normal caucasian eyes. Turk J Ophthalmol. 2018 Jun 1;48(3):99–108.
2. Hashemi H, Beiranvand A, Yekta A, Maleki A, Yazdani N, Khabazkhoob M. Pentacam top indices for diagnosing subclinical and definite keratoconus. J Curr Ophthalmol. 2016 Mar 1;28(1):21–6. 3. Koc M, Tekin K, Kiziltoprak H, Inanc M, Kosekahya P, Ozulken K, et al. Topometric and Tomographic Evaluation of Subclinical Keratoconus. Ophthalmic Epidemiol. 2020 Jul 3;27(4):289–97. 4. Toprak I, Cavas F, Velázquez JS, Alio del Barrio JL, Alio JL. Subclinical keratoconus detection with three-dimensional (3-D) morphogeometric and volumetric analysis. Acta Ophthalmol. 2020 Dec 1;98(8):e933–42. 5. Randleman JB, Susanna BN, Hammoud B, Dutra BAL, Scarcelli G, Santhiago MR, et al. Evaluating the Global Consensus on Keratoconus and Ectatic Diseases Agreements Reached on Subclinical Keratoconus. Am J Ophthalmol. 2025 Jul 1;275:27–35. 6. Nicula CA, Horvath KU, Nicula AP, Bulboacă AE, Bolboacă SD, Nicula D. Distinguishing subclinical from clinical keratoconus by corneal measurements. Front Med (Lausanne). 2024;11. 7. Randleman JB, Zhang H, Asroui L, Tarib I, Dupps WJ, Scarcelli G. Subclinical Keratoconus Detection and Characterization Using Motion-Tracking Brillouin Microscopy. Ophthalmology. 2024 Mar 1;131(3):310–21.

