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Ojo seco y salud mental: más allá de la superficie ocular

 La enfermedad de ojo seco (EOS) es una de las alteraciones de la superficie ocular de mayor prevalencia a nivel mundial. En el cuadro clínico de esta entidad se incluyen manifestaciones como sensación de cuerpo extraño, ardor, hiperemia, visión fluctuante y fatiga ocular, entre otras, que generan un impacto significativo en la función visual y en la calidad de vida de los pacientes, afectando actividades de la vida diaria.

En otros escenarios, en el avance por comprender las enfermedades de una manera integral, se ha descrito que la EOS no solo es un trastorno de la superficie ocular, sino un proceso con profundas repercusiones biopsicosociales. De hecho, ya se ha encontrado una asociación robusta entre la EOS y trastornos psiquiátricos, particularmente depresión y ansiedad, que también tienen una frecuencia importante en la población mundial.

Con este contexto, Basilious, Xu y Malvankar-Mehta (2022) realizaron un estudio con el fin de caracterizar la asociación entre la EOS y los trastornos de depresión y ansiedad, mediante una revisión sistemática y un metaanálisis de la literatura científica.

Los resultados encontrados por los autores muestran que los trastornos afectivos son sustancialmente más frecuentes y clínicamente más intensos en personas con EOS que en controles sin EOS. En términos de magnitud, la prevalencia de depresión en población con EOS alcanzó el 40% y la de ansiedad el 39%. De forma paralela se observaron asociaciones significativas entre síntomas de EOS y severidad de depresión y ansiedad, mientras que no se hallaron asociaciones robustas entre los signos clásicos como BUT, Schirmer I, tinción corneal con fluoresceína y la severidad afectiva en la mayoría de los estudios incluidos.

Los autores indican que, a pesar de la heterogeneidad metodológica de los estudios analizados, se sugiere que el eje clínico dominante que relaciona EOS y salud mental transcurre a través del fenotipo sintomático del ojo seco más que por sus marcadores objetivos tradicionales. En este sentido, desde una perspectiva fisiopatológica y clínica, la discordancia signos–síntomas tiene aún más valor. El metaanálisis confirma que la carga subjetiva en términos de dolor, ardor, sensación de cuerpo extraño, visión fluctuante y fatiga guarda una relación estrecha con el estado de ánimo y la ansiedad, en contraste con la relativa independencia respecto a parámetros clínicos aislados.

Lo interesante de esto es que los autores encuentraron que estos hallazgos son congruentes con modelos de neuromodulación del dolor ocular y sensibilización nociceptiva, en los que la percepción de los estímulos negativos se ve amplificada por circuitos centrales y por comorbilidades afectivas.

Lo anterior también permite entender la falta de respuesta efectiva del tratamiento con sustitutos lagrimales en determinados fenotipos sintomáticos refractarios. Por ello, los pacientes con síntomas afectivos tienden a reportar mayor severidad de síntomas de EOS y, a su vez, la persistencia de molestias oculares puede intensificar la carga depresiva y ansiosa en el tiempo.

Por otra parte, los autores reportan que la mejoría de los síntomas de EOS tras tratamiento se correlacionó con la mejoría de síntomas afectivos en quienes no tenían diagnóstico previo psiquiátrico; en contraste, esa covariación fue ausente en pacientes con antecedente reconocido de depresión o ansiedad, lo que sugiere mecanismos de intervención distintos y mecanismos fisiopatológicos diferenciados.

Con todos estos puntos de análisis, los autores sugieren que, en términos de respuesta corporal, las citoquinas proinflamatorias elevadas en depresión podrían favorecer inestabilidad lagrimal y daño epitelial. Además, plantean que la modulación serotoninérgica de las glándulas lagrimales y meibomianas, junto con la expresión de receptores de serotonina y sus efectos sobre la secreción, podría desempeñar un papel en esta relación. También es plausible la coexistencia de un síndrome de dolor crónico superpuesto, donde la EOS se integra a un fenotipo sistémico de hipersensibilidad al dolor.

Lo anterior abre la puerta a pensar que el componente neurosensorial de la EOS es particularmente sensible a modulaciones afectivas. Esta comprensión es crucial para el profesional de la salud ocular, ya que el énfasis terapéutico no debe limitarse a reconstituir la película lagrimal, sino también a estratificar el fenotipo de dolor ocular, considerar intervenciones multimodales y, de manera pertinente, derivar al paciente para la evaluación de la salud mental.

Con esta revisión y metaanálisis, los autores indican que la práctica clínica debe orientarse a tres aspectos principales: primero, realizar actividades de cribado sistemático de depresión y ansiedad en pacientes con EOS de curso crónico, síntomas desproporcionados respecto a los signos o respuesta subóptima a lubricantes y antiinflamatorios tópicos.

Para ello, instrumentos breves como PHQ‑9 y GAD‑7 pueden incorporarse al proceso de la consulta. En segundo lugar, individualizar los objetivos terapéuticos combinando manejo de película lagrimal con estrategias para el dolor neuropático ocular como lentes de contacto terapéuticos en fenotipos con alodinia corneal, y el apoyo interdisciplinario para el manejo con neuromoduladores sistémicos. En tercer lugar, coordinar con los servicios de psiquiatría y psicología cuando el tamizaje sea positivo o ante refractariedad sintomática, dado que el control del componente afectivo puede desencadenar mejoras en la percepción de síntomas oculares, incluso cuando los signos permanecen relativamente estables.

Adaptado de:

1.        Basilious A, Xu CY, Malvankar-Mehta MS. Dry eye disease and psychiatric disorders: A systematic review and meta-analysis. Eur J Ophthalmol. el 1 de julio de 2022;32(4):1872–89.