Martín Edisson Giraldo Mendivelso. Magíster Ciencias de la Visión. ULS. Especialista en Segmento Anterior y Lentes de Contacto USTA, FELLOW IACLE. Profesor Universidad CES, Medellín. [email protected]
La enfermedad de ojo seco (EOS) genera alteraciones de la película lagrimal que afectan directamente las estructuras de la superficie ocular, siendo el epitelio corneal uno de los principales blancos de la patología. En la práctica clínica, es habitual observar erosiones epiteliales punteadas (EPP) como signo característico.
Es importante destacar que el daño corneal se documenta de forma rutinaria mediante la tinción vital con fluoresceína y los filtros azul cobalto y Wratten. Esta técnica se utiliza tanto para el monitoreo clínico como en la investigación específicamente en la evaluación de fármacos para la EOS. Sin embargo, presenta limitaciones importantes: la fluoresceína tiene una absorción máxima cercana a los 490 nm y una emisión alrededor de 525 nm, mientras que el filtro azul cobalto transmite principalmente entre 390 a 410 nm. Esta discordancia espectral dificulta la visualización precisa de la tinción.
Adicionalmente, factores como el color del iris (en especial los iris claros con matices verdes o azul verdoso), el fondo ocular y las variaciones en los filtros de excitación pueden complicar la interpretación de las áreas de tinción corneal. De ahí la necesidad de desarrollar y perfeccionar técnicas de tinción y gradación corneal, que fortalezcan tanto la práctica clínica como la investigación.
En respuesta a esa necesidad, Soifer y colaboradores (2023) propusieron reutilizar la función de angiografía con fluoresceína del tomógrafo de coherencia óptica (OCTA), tradicionalmente empleada para analizar las imágenes de la retina. En este caso, el OCTA se utilizó para capturar patrones de tinción en el epitelio corneal. Según los autores, esta modalidad ofrece diversas ventajas: permite enfocar todas las regiones de la córnea en una sola imagen, proporciona visualización de alto contraste y alta sensibilidad para detectar la tinción corneal, incluso en pacientes con el iris muy claro.
El procedimiento, consistió en evertir el párpado inferior e instilar dos microlitros de fluoresceína sódica al 0.25 % en la conjuntiva tarsal inferior mediante una micropipeta de 2-20 μL, cuya punta posteriormente se desechó según los protocolos de bioseguridad. Un minuto después se realizó un lavado ocular con una solución salina estéril con la micropipeta. Esto con el fin de reducir la acumulación de fluoresceína y los residuos de película lagrimal en la superficie.
Posteriormente, se centró el marco de la imagen en un punto medio entre la carúncula lagrimal y el limbo corneal, asegurando la visualización completa del epitelio corneal de limbo a limbo. El enfoque incluyó tanto el epitelio corneal central como el periférico. El control de sensibilidad del equipo se mantuvo constante durante la toma de imágenes, con una pequeña compensación para optimizar la nitidez.
Continuando con el proceso, Soifer y colaboradores (2023) tomaron la primera imagen sin fluoresceína, y luego se instiló fluoresceína y se tomaron imágenes cronometradas en el primer, tercer, quinto y séptimo minuto. Se evaluó el tiempo óptimo para observar la tinción corneal correlacionando la señal positiva con la interferencia producida por los restos lagrimales y evaporación de lágrima, considerados como ruido. En este contexto, los autores indican la observación de diferentes relaciones entre señal y ruido en distintos momentos, por lo que el tiempo óptimo para capturar la tinción corneal fue errático. Para evitar esto, el lavado posterior con solución salina fue fundamental para la detección del daño epitelial. Ver Figura 1.

Figura 1. A. Observación sin fluoresceína, y registros al minuto y 3 minutos. B. Lavado de la superficie ocular con solución salina. C. Comparación de imágenes entre la lámpara de hendidura con visualización de luz azul y FCG en un paciente con iris de color oscuro. D. Comparación de imágenes entre la lámpara de hendidura con visualización de luz azul y FCG en un paciente con iris de color claro.
Con los ajustes, los autores concluyen que la queratografía fluoresceínica o corneografía fluoresceínica (FCG, por su sigla en inglés) —denominación que dieron a esta propuesta—, aplicada mediante OCTA, constituye una alternativa útil para la valoración de epiteliopatías corneales. Al enfocarse integralmente en la superficie corneal, muestra un panorama más claro en esta área de observación total. Al mejorarse cada vez más esta técnica y la evaluación de la evidencia, se tendrá una técnica segura y confiable en el estudio de la EOS.
1. Soifer M, Azar NS, Blanco R, Mousa HM, Ghalibafan S, Tovar A, et al. Fluorescein CorneoGraphy (FCG): Use of a repurposed fluorescein imaging technique to objectively standardize corneal staining. Vol. 27, Ocular Surface. Elsevier Inc.; 2023. p. 77–9.
