En el contexto de la creciente tendencia hacia la medicina de precisión, la enfermedad de ojo seco (EOS) ha dejado de entenderse exclusivamente como una alteración localizada de la superficie ocular y ha comenzado a concebirse como una entidad sistémica compleja, en la cual convergen determinantes ambientales, inmunoinflamatorios, metabólicos y genéticos.
Salgado-Borges y colaboradores (2026) indican que, dentro del marco integrador que plantea la concepción moderna de la enfermedad, la genética nutricional emerge como un campo de creciente interés, al analizar cómo interactúan los nutrientes con el genoma y de qué manera esta relación influye en la expresión fenotípica de la enfermedad. La genética nutricional, también denominada genómica nutricional, engloba diversas disciplinas interrelacionadas, entre ellas la nutrigenética, la nutrigenómica, la epigenética y la epigenómica, además de enfoques complementarios como la metabolómica, ciencia que estudia de forma global los metabolitos. Ver Figura 1.

Figura 1. Disciplinas que forman parte de la genética nutricional.
Las anteriores aproximaciones permiten comprender cómo los componentes dietarios no solo influyen en la fisiología de la superficie ocular, sino que también modulan procesos moleculares fundamentales implicados en la fisiopatología de la EOS, tales como la inflamación crónica, el estrés oxidativo, la apoptosis celular y la inestabilidad de la película lagrimal.
Desde una perspectiva conceptual, la nutrigenética se refiere al estudio de las variaciones genéticas interindividuales, principalmente polimorfismos de un solo nucleótido (SNPs, por sus siglas en inglés), que condicionan la respuesta biológica a determinados nutrientes. Esta disciplina busca explicar por qué individuos con exposiciones dietarias similares desarrollan manifestaciones clínicas diferentes, o presentan respuestas terapéuticas heterogéneas frente a intervenciones nutricionales determinadas.
En la EOS, se han identificado variantes en genes asociados a la inflamación, la inmunidad y la homeostasis de la superficie ocular, tales como el receptor de vitamina D (VDR, por sus siglas en inglés), el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF, por sus siglas en inglés) y la desoxirribonucleasa I (DNASE1), lo que sugiere que la susceptibilidad y progresión de la enfermedad pueden estar moduladas por la interacción gen-dieta.
Por su parte, la nutrigenómica se centra en el efecto de los nutrientes sobre la regulación de la expresión génica. A diferencia de la nutrigenética, que parte del genotipo hacia la respuesta nutricional, la nutrigenómica analiza cómo componentes específicos de la dieta pueden activar o inhibir rutas moleculares, alterando la transcripción génica y, en consecuencia, la función celular. En el ámbito de la EOS, este enfoque resulta fundamental, dado que diversos nutrientes como los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, las vitaminas antioxidantes y los compuestos bioactivos han demostrado capacidad para modular la expresión de mediadores inflamatorios y proteínas estructurales críticas para la estabilidad de la película lagrimal y la integridad epitelial.
De manera complementaria, la epigenética y la epigenómica aportan una dimensión adicional al estudio de la genética nutricional, al analizar modificaciones reversibles y heredables en la expresión génica que no implican cambios en la secuencia del ADN. Entre estos mecanismos destacan la metilación del ADN, las modificaciones de histonas y la regulación por ARN no codificante, los cuales permiten que factores ambientales, como la dieta, modifiquen el comportamiento celular.
En la EOS, estos mecanismos epigenéticos han sido vinculados con la regulación de procesos inflamatorios, la respuesta al estrés osmótico y la disfunción de la unidad funcional lagrimal, lo que sugiere que la exposición dietaria podría influir en la progresión de la enfermedad mediante la reprogramación epigenética. Por otra parte, la metabolómica representa una herramienta clave al permitir la caracterización de perfiles metabólicos específicos en fluidos biológicos, como el fluido lagrimal.
Estos perfiles reflejan el estado funcional de las rutas bioquímicas y pueden estar influenciados tanto por factores genéticos como nutricionales. En pacientes con EOS, se han identificado características metabolómicas distintivas que evidencian alteraciones en el metabolismo lipídico, oxidativo e inmunológico, lo que refuerza la premisa de que la interacción entre dieta y genoma desempeña un papel determinante en la fisiopatología de la enfermedad.
En conjunto, la integración de estas disciplinas configura un modelo conceptual en el que la EOS se entiende como el resultado de una compleja red de interacciones entre el genoma, el ambiente y la dieta. Este enfoque no solo permite explicar la heterogeneidad clínica observada en los pacientes, sino que también plantea nuevas oportunidades terapéuticas basadas en la personalización de intervenciones nutricionales.
Salgado-Borges y colaboradores (2026) resaltan que la identificación de perfiles genéticos y metabólicos individuales podría facilitar la implementación de estrategias dirigidas a modular la inflamación, optimizar la estabilidad lagrimal y prevenir la progresión de la enfermedad. Así las cosas, la genética nutricional no debe considerarse únicamente un campo emergente de investigación, sino una herramienta fundamental para avanzar hacia un modelo de medicina personalizada aplicada a la superficie ocular. En este modelo, la intervención dietaria podría ajustarse al perfil biológico del paciente y ampliar el horizonte terapéutico para la enfermedad de ojo seco.
Adaptado de:
1. Salgado-Borges J, Mora-Sáez S, Andrés-Blasco I, Bendala-Tufanisco E, Benítez-del-Castillo J, Machado-Soares R, et al. Dry eye disease: food, diet, and nutritional genetics. A narrative review. Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología (English Edition). 2026 May;502574. doi:10.1016/j.oftale.2026.502574
