El manejo contemporáneo de la enfermedad de ojo seco exige comprender la película lagrimal como una estructura funcional compleja, no como una simple capa acuosa que debe ser reemplazada. TFOS DEWS II define el ojo seco como una enfermedad multifactorial de la superficie ocular caracterizada por pérdida de homeostasis de la película lagrimal, acompañada de síntomas, inestabilidad lagrimal, hiperosmolaridad, inflamación, daño de superficie y posibles alteraciones neurosensoriales (Craig et al., 2017). Desde esta perspectiva, el valor de un lubricante ocular no depende únicamente de su capacidad para “humectar”, sino de su potencial para permanecer sobre la superficie ocular, reducir fricción, proteger el epitelio, mejorar estabilidad lagrimal y disminuir estímulos que perpetúan el entorno inflamatorio.
Dentro de los agentes lubricantes, el hialuronato de sodio ocupa un lugar relevante por sus propiedades de retención de agua, viscoelasticidad, mucoadhesión y biocompatibilidad. Sin embargo, no todas las formulaciones con hialuronato pueden considerarse equivalentes. La concentración, el peso molecular, la viscosidad, la distribución de tamaños de cadena, los excipientes y el sistema de conservación influyen en su comportamiento sobre la superficie ocular (Aragona et al., 2019). Por ello, una formulación con hialuronato de sodio al 0,4 %, alto peso molecular cercano a 3.500.000 daltons y sistema libre de preservantes representa una propuesta diferenciada de lubricación intensiva y bioprotección avanzada.
La concentración de 0,4 % equivale aproximadamente a 4 mg/mL de hialuronato de sodio y se ubica en el rango alto de las concentraciones estudiadas en enfermedad de ojo seco. En una revisión sobre ácido hialurónico para ojo seco, Hynnekleiv et al. (2022) señalaron que las lágrimas artificiales con hialuronato en concentraciones entre 0,1 % y 0,4 % han mostrado beneficios sobre signos y síntomas de la enfermedad, aunque la heterogeneidad de las formulaciones impide asumir equivalencia directa entre productos. La evidencia clínica específica para hialuronato de sodio 0,4 % libre de preservantes fue evaluada por Muñoz-Villegas et al. (2023) en un ensayo aleatorizado con pacientes con ojo seco leve a moderado. Después de 30 días de tratamiento, se reportó mejoría significativa de los síntomas medidos por OSDI, aumento del tiempo de ruptura lagrimal y disminución de la tinción de superficie ocular. Estos resultados son relevantes porque integran tres objetivos clínicos: alivio sintomático, estabilidad de la película lagrimal y protección epitelial.
La alta concentración debe interpretarse junto con el peso molecular. Un hialuronato cercano a 3.500.000 daltons, equivalente a 3,5 MDa o 3500 kDa, corresponde a un polímero de alto peso molecular. Esta característica puede modificar el desempeño reológico de la formulación, favoreciendo mayor viscosidad, elasticidad, permanencia y mucoadhesión. Aragona et al. (2019) demostraron que las propiedades fisicoquímicas de lubricantes oculares basados en hialuronato varían ampliamente entre productos, y que concentración y peso molecular se relacionan con la viscosidad observada. A su vez, Guarise et al. (2023) mostraron, en un modelo de superficie ocular, que el hialuronato de alto peso molecular desempeña un papel relevante en la mucoadhesión, propiedad relacionada con la permanencia del producto sobre la superficie ocular.
Desde el punto de vista clínico, esta permanencia es central. En ojo seco, la película lagrimal puede romperse precozmente entre parpadeos, generando exposición epitelial, hiperosmolaridad local, fluctuación visual, fricción e irritación. Una formulación de alta concentración y alto peso molecular puede actuar como una matriz hidratada y viscoelástica que favorece mayor tiempo de residencia, reduce el roce párpado-córnea-conjuntiva y contribuye a estabilizar la película lagrimal. No se trata solamente de aportar volumen lagrimal transitorio, sino de mejorar la interacción entre el lubricante y la superficie ocular.
El hialuronato de sodio también posee un fundamento biológico como agente de protección y recuperación epitelial. Gomes et al. (2004) demostraron en células epiteliales corneales humanas que el hialuronato de sodio promueve la migración celular, un proceso clave para el cierre de defectos epiteliales superficiales. Este hallazgo permite comprender su potencial reepitelizante más allá de la lubricación mecánica. En la práctica clínica, la reducción de la tinción ocular observada con hialuronato de sodio 0,4 % libre de preservantes sugiere un efecto favorable sobre la integridad de la superficie ocular, posiblemente mediado por menor fricción, mayor hidratación, mejor estabilidad lagrimal y un entorno más adecuado para la recuperación epitelial (Muñoz-Villegas et al., 2023).
Otro aspecto de interés es su posible contribución a la modulación del entorno inflamatorio. El hialuronato no debe presentarse como un antiinflamatorio farmacológico equivalente a corticosteroides, ciclosporina o lifitegrast. Su acción debe entenderse de forma más precisa como bioprotectora y moduladora del microambiente ocular. En un modelo experimental de ojo seco, Oh et al. (2014) observaron que hialuronato de sodio hipotónico redujo mediadores inflamatorios como TNF-α, IL-1β, MIG/CXCL9 e IP-10/CXCL10, además de modificar marcadores celulares inflamatorios conjuntivales. Por otra parte, Kojima et al. (2020) reportaron efectos favorables del hialuronato de alto peso molecular en un modelo de estrés ambiental seco, incluyendo mejoría de parámetros de superficie ocular y reducción de células dendríticas subepiteliales. Estos datos preclínicos respaldan el concepto de que el hialuronato, especialmente de alto peso molecular, puede contribuir a disminuir señales inflamatorias asociadas al daño de superficie, aunque se requiere cautela al extrapolar directamente estos hallazgos a todas las formulaciones clínicas.
El tercer atributo crítico es el sistema libre de preservantes. La superficie ocular de un paciente con ojo seco suele estar más vulnerable a toxicidad, irritación y daño epitelial. TFOS DEWS II reconoce que medicamentos tópicos y preservantes pueden inducir o agravar enfermedad de superficie ocular por mecanismos tóxicos e inflamatorios (Gomes et al., 2017). En un estudio transversal del Project FOREVER, Sjö et al. (2025) encontraron que usuarios de lágrimas artificiales con cloruro de benzalconio reportaron mayor probabilidad de síntomas como prurito y visión borrosa frente a usuarios de formulaciones libres de preservantes. Aunque este tipo de estudio no establece causalidad definitiva, sí refuerza la importancia clínica de evitar exposición repetida a preservantes en pacientes que requieren uso frecuente o prolongado.
En conjunto, la combinación hialuronato de sodio 0,4% + alto peso molecular cercano a 3.500.000 daltons + sistema libre de preservantes ofrece un racional médico sólido. La alta concentración aporta mayor carga polimérica lubricante; el alto peso molecular favorece viscoelasticidad, mucoadhesión y permanencia; y la ausencia de preservantes reduce la exposición a compuestos potencialmente irritantes en una superficie ocular vulnerable. Estos tres atributos permiten posicionar esta formulación como una alternativa orientada a estabilidad de película lagrimal, protección epitelial, confort sostenido y bioprotección de la superficie ocular.
Debe señalarse que ninguna variable debe interpretarse de forma aislada. Mayor concentración o mayor peso molecular no implica automáticamente superioridad clínica universal para todos los pacientes, y la respuesta puede variar según gravedad del ojo seco, hallazgos clínicos, sensibilidad individual, frecuencia de aplicación y tolerancia a la viscosidad. Sin embargo, cuando el objetivo terapéutico es brindar lubricación intensiva, permanencia, protección epitelial y menor carga preservante, esta combinación reúne características altamente pertinentes para pacientes con inestabilidad lagrimal, tinción de superficie ocular, síntomas persistentes, uso frecuente de lubricantes o superficie ocular comprometida.
En conclusión, el hialuronato de sodio no debe valorarse solo por estar presente en una formulación, sino por las características que determinan su desempeño. Una fórmula al 0,4%, con alto peso molecular cercano a 3.500.000 daltons y libre de preservantes, representa una estrategia de lubricación avanzada que puede aportar más que alivio momentáneo: puede favorecer permanencia, estabilidad, protección epitelial y un entorno menos irritativo para la superficie ocular. Esta visión permite al profesional de salud visual seleccionar lubricantes con mayor criterio clínico y comunicar al paciente que, en ojo seco, los detalles de formulación sí pueden influir en la experiencia terapéutica.
Referencias
– Aragona, P., Simmons, P. A., Wang, H., & Wang, T. (2019). Physicochemical properties of hyaluronic acid-based lubricant eye drops. Translational Vision Science & Technology, 8(6), 2. https://doi.org/10.1167/tvst.8.6.2
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– Gomes, J. A. P., Amankwah, R., Powell-Richards, A., & Dua, H. S. (2004). Sodium hyaluronate promotes migration of human corneal epithelial cells in vitro. British Journal of Ophthalmology, 88(6), 821–825. https://doi.org/10.1136/bjo.2003.027573
– Gomes, J. A. P., Azar, D. T., Baudouin, C., Efron, N., Hirayama, M., Horwath-Winter, J., Kim, T., Mehta, J. S., Messmer, E. M., Pepose, J. S., Sangwan, V. S., Weiner, A. L., Wilson, S. E., & Wolffsohn, J. S. (2017). TFOS DEWS II iatrogenic report. The Ocular Surface, 15(3), 516–543. https://doi.org/10.1016/j.jtos.2017.05.004
– Guarise, C., Acquasaliente, L., Pasut, G., Pavan, M., Soato, M., Garofolin, G., Beninatto, R., Giacomel, E., Sartori, E., & Galesso, D. (2023). The role of high molecular weight hyaluronic acid in mucoadhesion on an ocular surface model. Journal of the Mechanical Behavior of Biomedical Materials, 143, 105908. https://doi.org/10.1016/j.jmbbm.2023.105908
– Hynnekleiv, L., Magno, M., Vernhardsdottir, R. R., Moschowits, E., Tønseth, K. A., Dartt, D. A., Vehof, J., & Utheim, T. P. (2022). Hyaluronic acid in the treatment of dry eye disease. Acta Ophthalmologica, 100(8), 844–860. https://doi.org/10.1111/aos.15159
– Kojima, T., Nagata, T., Kudo, H., Müller-Lierheim, W. G. K., van Setten, G. B., Dogru, M., & Tsubota, K. (2020). The effects of high molecular weight hyaluronic acid eye drop application in environmental dry eye stress model mice. International Journal of Molecular Sciences, 21(10), 3516. https://doi.org/10.3390/ijms21103516
– Muñoz-Villegas, P. D. C., Sánchez-Ríos, A., & Olvera-Montaño, O. (2023). The effect of sodium hyaluronate eye drops 2, 4 or 6 times a day on signs and symptoms of dry eye disease. Clinical Ophthalmology, 17, 2945–2955. https://doi.org/10.2147/OPTH.S433709
– Oh, H. J., Li, Z., Park, S. H., & Yoon, K. C. (2014). Effect of hypotonic 0.18% sodium hyaluronate eyedrops on inflammation of the ocular surface in experimental dry eye. Journal of Ocular Pharmacology and Therapeutics, 30(7), 533–542. https://doi.org/10.1089/jop.2013.0050
– Sjö, A. D., Rovelt, J., Ahrenberg, S., & Kolko, M. (2025). Preservatives in artificial tears: Assessing impact on dry eye symptoms: Findings from 67,951 questionnaire responses—Project FOREVER. Acta Ophthalmologica, 103(7), 823–830. https://doi.org/10.1111/aos.17500
